¿Un tarificador telefónico TRS en 1980?
Qu’est-ce que c’est.
Ni sabía lo que era… Yo seguía en Dubái, aún al frente de la obra del Intercontinental de Al-Ain, cuando en una de esas cenas de expatriados —éramos más de cincuenta personas de treinta nacionalidades distintas— conocí al presidente de ETISALAT, la gran compañía telefónica del país.
¡Su compañía Telefónica, vamos!

Entre copa y copa, me contó su drama: las centralitas producían kilómetros de listados impresos con todas las llamadas, pero no había forma de organizarlos por cliente.
Era imposible facturar con rigor.
Yo, que de telecomunicaciones tampoco tenía ni idea, le dije:
—Déjame hablar con un amigo alemán, a ver si encontramos una solución.
Ese amigo era el mismo geek que me había salvado semanas antes con los planos de BECHTEL.
Mi amigo lo escuchó y me soltó:
—Esto se puede programar.
Creamos un sistema que lea las impresoras, genere los informes y se los dé organizados por cliente.
ETISALAT al principio no se lo creyó, pero aceptó probar.

Unos meses después, teníamos listo TRS (Telephone Reporting System), uno de los primeros tarificadores del mundo.
De pronto, yo —que venía de hoteles, inmobiliarias y obras— estaba liderando un proyecto tecnológico que interesaba a telecos de varios países.
Sin plan de negocio, sin experiencia en software, y cometiendo todos los errores posibles: vender antes de tener un producto maduro, meter inversores que no entendían el sector y confiar demasiado en contratos mal cerrados.
Pero también aprendí algo clave: los grandes proyectos nacen de necesidades concretas, aunque tú no seas experto en el sector.
Y que, si te rodeas de la gente adecuada, puedes saltar de un mundo a otro.

El tarificador telefónico TRS fue mi primer gran “invento” tecnológico.
También, mi primera lección sobre lo caro y complejo que es montar una empresa de software.
Y también fue la clave de mi vuelta a España… a Telefónica, pero eso es otra historia para otro sábado.
Desde entonces, he aprendido que muchas de las ideas que cambian el rumbo de un negocio pueden surgir de conversaciones, de observar bien los problemas y de saber a quién llamar.
Y eso es, en esencia, lo que busco contigo en un ImpulCEO.
Poner mi experiencia a tu servicio para ayudarte a ver lo que, quizás, hoy se te escapa.
Si crees que ha llegado el momento, hagamos un: ImpulCEO
Buen finde.

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